
Descarga en esta página Rutas y Excursiones... para disfrutar en nuestro entorno
Iglesia de San Millán
Se eleva en la parte más alta de la villa, entre la falda del Castillo y la Plaza Mayor. La monumentalidad del edificio es realzada por su propio emplazamiento, pues el terreno en el que se asienta experimenta un declive progresivo desde la cabeza hasta los pies y hacia la derecha, por lo que fue necesaria la construcción de una escalera que salvara el desnivel y facilitara el acceso al templo.
La robusta torre de la iglesia de San Millán fue construida en el siglo XVI. Su estilo es renacentista con tres naves.
El retablo mayor es barroco y en él destaca la imagen del monje titular del templo, obra de Felipe Gil de MENA y un buen Cristo del S. XIV. Hay otro retablo del siglo XVII con relieves y esculturas marianas, dos sepulcros góticos y una buena imagen del Ecce Homo de Gregorio Fernández.
Ermita de Revilla
En un altozano a las afueras del pueblo está la Ermita de Nuestra Señora Virgen de Revilla. Fue la iglesia parroquial de los que vivían fuera de la cerca, en el arrabal o revilla, de donde procede su denominación.
El templo actual data de los siglos XVII y XVIII, aunque se asentó sin duda sobre un edificio medieval, pues una "iglesia de Santa María", localizada en Baltanás, aparece mencionada en la estadística de la diócesis palentina que se efectuó hacia 1.345. Planta de una sola nave. El retablo presenta altorrelieves de temas marianos. La imagen de la Virgen de Revilla, una talla del siglo XIV, como centro de un grupo representando la huida a Egipto preside el altar mayor. Otras pequeñas esculturas son de marfil, madera y alabastro.
Sobre el pórtico de entrada a la ermita aparece otra imagen de la Virgen Peregrina, tallada en piedra.
Ermita de San Gregorio
Cuenta la leyenda que una terrible plaga de langosta asoló los campos de Baltanás en 1.629. Los baltanasiegos acudieron a la Virgen de Revilla para que les liberara de tal castigo, y en solemne procesión suplicaban la intercesión de Nuestra Señora para que terminara tan nefasto azote.
Al llegar al lugar donde se encuentra la ermita de San Gregorio, de improviso, quedo fulminada la nube de langosta, lo que se atribuyó a un milagro de la patrona.